Tributo iPulp: la ‘Biblioteca de Chicas’

La novela romántica -o ‘rosa’, por utilizar el color convencional asignado a ella- cuenta con una larga tradición en la literatura popular española. Muchas fueron publicadas en colecciones emblemáticas que marcaron toda una época. Como la Biblioteca de Chicas, de Ediciones Cid.

Patricia Montes y Marisa Villardefrancos fueron las dos grandes autoras de la colección.

Su nombre completo era ‘Biblioteca de Chicas y échate a volar’, eslogan cándido y soñador. Fue un gran referente de la novela rosa española durante los 15 años que se vendió en los kioscos: de 1952 a 1967. La colección superó los 600 títulos, y su éxito fue tal que generó colecciones secundarias como ‘Éxitos de Biblioteca Chicas’.

El formato de sus novelas era de 15×11,5 cm: el libro de bolsillo perfecto. Flexibles y manejables, el número de sus páginas variaba, aunque de media estaba en las 150 (si bien algunos ejemplares llegaron a tener más de 300).

En cuanto al precio, eran las novelas conocidas como ‘de a duro’ (un duro=5 pesetas, aprox 4 céntimos de euro). Con el tiempo se fueron encareciendo (primero a 7, luego a 10 pesetas…), aunque manteniéndose siempre dentro de parámetros asequibles.

Portadilla de los libros de la colección.

En esta, como en tantas otras colecciones de literatura de kiosco, prevalecía el uso del seudónimo, ocultando el nombre real del autor o autora (que a su vez podía utilizar varios distintos). El uso del seudónimo obedecía en muchos casos a razones de prestigio, ante el prejuicio que existía contra este tipo de literatura, considerada de pobre calidad literaria y sin más pretensión que el entretenimiento. En la colección Biblioteca de Chicas llegó a publicar gente como el guionista Rafael Azcona, bajo el seudónimo de Jack O’Relly. Fue gracias a estas novelas románticas que el también colaborador de La Codorniz ganó sus primeros honorarios como escritor.

Las novelas que conformaban la añorada Biblioteca de Chicas reunían todos los tópicos y estereotipos del género y de cómo se supone había de ser la condición femenina: sumisa, abnegada, ‘pura’ y con mucha resignación.

Una de las artísticas contraportadas.

Las de la Biblioteca de Chicas eran historias románticas de amor y despecho, de pasión y traición, de amores ardientes y más o menos posibles. La trama a menudo se desenvolvía en varios tomos, con segundas y hasta terceras partes. Dentro de la colección se publicaron también casi todas las radionovelas que triunfaron en la época.

Una última mención muy especial al trabajo de los portadistas, destacando dos de ellos: Xelia y Jano. Realizaron un trabajo de alta calidad artística que incluía también el dibujo de las contraportadas, conformando una muy digna pinacoteca de cubiertas de novelas populares españolas.