Entrevista con Daruma Neko, autor de ‘La fuga de Netflix’

Volvemos a chatear con él vía Skype. Le pillamos trabajando, en un cat-café de Tokio. No dispone de mucho tiempo: acaba de empezar su turno.

 -¿Qué haces ahí, Daruma?

-Me han contratado más que nada para dar ambiente. No todos los gatos brillan con luz propia.

-¿Y encuentras tiempo para escribir?

-Sí… En el tren de vuelta a casa. Dos horas de trayecto, cuatro en total cada día.  Al principio lo de conmutar lo llevaba fatal; me movía endemoniado por el vagón, como si fuera camino del veterinario. Pero luego aprendí a aplicarle una filosofía zen y sacarle provecho. Las mejores ideas se me ocurren conmutando.

Daruma Neko junto a un amigo. ‘También bioluminiscente -nos dice-, aunque de laboratorio. Lo mío es natural.’

-Ciudad Axila tiene mucho de Tokio…

-Y de Bangkok, y Seúl… mezclada con Ciudad de México. Es una megalópolis híbrida, pero con mucha influencia oriental.

-¿Cómo en Blade runner?

-Es que si en algo fue visionaria esa película, fue en eso, en imaginar un futuro donde la población oriental abunda y la influencia de su cultura y tecnología son determinantes.

Doraemon, el gato robot venido del futuro, ante la Alhambra de Granada.

-Todo lo que ocurre en ‘La fuga de Netflix’ es un poco extremo, ¿no?

-Vivimos tiempos extremos. Ya hay demasiados libros de gurús, charlas de coaches y tazas de Mr Wonderful que pretenden engañarnos y hacernos creer que todo el mundo es bueno.

-Ah, ¿y no?

-No. Nada más incoherente que la especie humana: se mueve entre extremos. Los gatos lo sabemos mejor que nadie: lo mismo nos quemáis vivos que nos adoráis como a dioses. ¿Qué se puede esperar de una especie tan inestable?

-¿Ese es el motivo por el que Netflix lo sea?

-Netflix no es más que un tipo contradictorio, con sus más y sus menos, sus dudas, sus inseguridades, sus luces y sus sombras… En una palabra: humano. Creo que a veces tiene que venir un ejemplar de otra especie a recordaros lo que es eso. Os idealizáis demasiado.

‘Yo hice las fotos -nos cuenta Daruma-. Somos muy amigos, casi te diría que categoría BFF. En su último viaje a España lo acompañé.’

-Toxina en cambio es un personaje muy potente… A veces se lo come.

-Toxina es lo mejor que le ha podido suceder a Netflix, y él ya lo intuye. Es todo lo contrario a una cat lady: una mujer que no se refugia en los gatos y se enfrenta al mundo. Como dice de ella Netflix: ‘Tiene un par de gigas’.

‘Qué te puedo decir, solo hay que ver las fotos: disfrutó como un gato cósmico’, comenta Neko.

-La historia que narras es un poco delirante… Como tú. La gente no se cree que seas un gato radiactivo…

-También dicen que soy un seudónimo, un holograma… He oído de todo. Pero esa es la verdad. La de Fukushima era una de las mayores centrales nucleares del mundo. El terremoto de 2011 hizo que tres de sus reactores se fundieran como helado al sol, desprendiendo cantidades ingentes de radiactividad. Yo tuve la desgracia de vivir cerca. Antes de aquello, solo me preocupaba por mi pescadito diario y poco más. Desde entonces soy un farolillo japonés andante.

-No solo eso… Si ya un gato normal tiene una imaginación desbordante, la tuya parece haberse potenciado por culpa de la radiación…

-No te puedes hacer idea. Para un gato normal, una caja de cartón es su castillo. Para mí, es la guarida del Doctor No.

‘A ver si en el próximo viaje nos acompaña Noodles, de Gorillaz. También somos muy colegas.’

-¿Extrañas algo de cuando eras un simple gato?

-Sí. La oscuridad. El tono fosforescente que adquirí con la radiación me impide cazar ratones por las noches. Lo echo mucho de menos.

-¿Qué es lo que más temes?

-Caer en manos de una cat lady. Son demasiado posesivas. Yo para crear necesito mi espacio.

Ya disponible: ‘La fuga de Netflix’, de Daruma Neko

¿Preparad@ para saltar?

La vida en Ciudad Axila -siglas de aeropuerto, CAX- se mueve muy rápido: si no sigues el ritmo, estás perdida.
Los edificios son sostenibles y la corrupción, generalizada.
Ciudad Axila es una megacity desquiciada y sucia, muy sucia -con billones de partículas nocivas flotando en suspensión- donde la consigna es ‘corre o muere’ y donde se usan más términos nipones que anglicismos.
La brecha social es un abismo: los muy ricos viven en urbanizaciones de acceso más restringido que el Área 51.
En un mundo que se muere de sed, ellos pueden permitirse regar jardines como canchas de fútbol.
La vida en Ciudad Axila, desde luego, no es una película de Capra.
En CAX nada es lo que parece: todo es simulacro. Por eso, en esta primera entrega de la trilogía, reinan el vicio, lo artificial y el engaño. Es una historia de traiciones y mentiras, pero también una aventura vertiginosa que te dejará sin aliento.
Netflix, el protagonista, se verá atrapado en una trama contra él, hará parkour por los tejados, vivirá el desgarro de la deslealtad, conocerá a la dura y enigmática Toxina y, sobre todo, se drogará como si no hubiera un mañana.
Quizá, después de todo, no lo haya.