En iPulp tenemos buenas plumas

“Lo que Beata me enseña a continuación es menos interesante: el escroto amojamado de San Luis Gonzaga, la sandalia gastada de San José de Calasanz, el dedo reseco de Santa Águeda o la costilla adobada de San Francisco de Regis.

Todo material de segunda. Lo mejor lo reserva para el final.

-Esto -me dice- son espinas de la corona de Cristo…

Levanto una ceja, incrédulo:

-He visto miles. Los chinos fabrican copias muy buenas. Estas por lo menos no son de plástico. ¿Algo más exclusivo?

Beata rezonga algo que no logro entender, aunque es evidente que mi impertinencia le ha puesto de mal humor. A una señal suya, una de las monjas sale del refectorio y regresa poco después, con un cojín de terciopelo en las manos. Sobre él, posada con delicadeza, distingo una pluma blanca.

-Es de una de las alas de San Miguel Arcángel, me aclara Beata.

-¿En serio?, pregunto impresionado mientras la acaricio: es suave como el culito de un bebé; hace cosquillas a mis dedos.

Beata asiente orgullosa.

-Esto -le digo- tiene salida rápida en el mercado, me lo quitarían de las manos. ¿Cuánto pides por ella?

-Bah -me dice, con gesto despectivo-. Tú no te lo puedes permitir. Se sale de tu presupuesto.

-Tienes razón. Demasiado caro para mí. Oye, ¿y eso de ahí? -digo sin fingir mucho interés, señalando una urna de cristal en un rincón.

-¿Eso? Es el corazón del papa Juan Pablo II, ¿por qué?”

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Conoce al padre McKenzie. #AdoptaUnVillano

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