Entrevista a Mikel Atz, autor de ‘El tesoro del indiano’

-Hola, Mikel, ¿qué tal?

-Ondo, ondo. Por aquí.

-¿Por dónde?

-El norte. Siempre el norte. Es el territorio mágico por excelencia. Para hacer bien el amor hay que bajar al sur, pero si quieres leyendas brumosas bien arraigadas, tienes que tirar p’al norte.

-Un norte algo promiscuo… Tu nueva novela, El tesoro del indiano, transcurre en un imaginario valle del Hevia, donde se funden lo pasiego y lo asturiano…

-Es un poco crossover, sí. Pero quien conozca la franja norte de la península se dará cuenta de lo similar que es todo, de lo permeable. El camino de Santiago ha unido y une mucho. El clima también. Es una forma de ser común. Y la mitología también se comparte.

-En este caso es la asturiana…

-Sí. Una de las mitologías paganas más ricas de la península. Un tesoro cultural repleto de personajes fascinantes para la ficción. Es una pena que Tolkien no la conociera.

-Ese sombrero negro que llevas en la foto, ¿es un guiño a uno de los personajes centrales de la historia?

-Sí, ha sido un detalle mío personal, porque normalmente llevo boinas y alguna que otra raspberry beret. Mi Instagram parece el catálogo de boinas Elósegui.

-El personaje de Sombrero Negro, por cierto, recuerda al detective Colombo. Tiene hasta su mismo coche.

-No exactamente: el modelo de Colombo es descapotable. Pero sí, me habéis pillado… La acción transcurre en el verano de 1978. Se trataba de introducir referencias directas a la época y otras más sutiles. Sombrero Negro tiene su parte de Colombo pero se inspira también en un personaje que salía en un libro que fue muy popular entonces, ‘Cómo hacer de espías’.

-Un clásico, de Plesa/SM. Y esto que dices refuerza la impresión de estar leyendo una novela casi juvenil de aventuras, en la línea de los libros de Enid Blyton o de Los Tres Investigadores…

-Esa era la intención…  Hay otros detalles que lo hacen evidente. El héroe de Víctor -el líder de la pandilla- es Jupiter Jones. Los tres investigadores se reunían en una chatarrería, en El tesoro del indiano se reúnen en un cobertizo… Hay mucho tributo a aquellas novelas de entretenimiento para adolescentes prewhatsapp.

-Pero lo puede leer un adulto, ¿no?

-Claro. Es simplemente que una aventura, vivida por niños, es doble aventura. Quería potenciar esa emoción ingenua, esa fascinación ante el misterio, esa edad dorada en la que llegan a ocurrirte cosas fantásticas. O al menos las recuerdas así.

El tesoro del indiano viene a sumarse a La guarida del diablo,  también en nuestra colección. ¿Cómo definirías tus libros?

-Como historias ligeras y rocambolescas con tips de buena literatura.

 

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